Día RojiGualda

Hoy ha sido un duro día de trabajo, se sucedían las endodoncias durante toda la mañana y toda la tarde y sin embargo no he podido estar concentrado todo lo que hubiera querido. Vivimos en un país con muchas discrepancias, distintos idiomas, distintas ideologías, religiones… distintas regiones. Lo cierto es que España nunca ha terminado de calar como nación y la sombra de las dos españas en nuestra dura guerra civil siempre está presente hasta en la acción más inocente. A pesar de esto, ayer todo un país quedó paralizado por 90 minutos, algunos como yo incluso cambiamos el horario de los pacientes para poder seguir el primer partido de la selección española de fútbol, y como yo, millones de personas en el televisor esperaban ansiosas el pitido de inicio del partido. Es curioso pero el simple hecho de oir el himno nacional por un par de minutos me puso los pelos como escarpias, España comenzaba la competición, y tras el equipo nacional, 50 y pico millones de personas infundían valor con su aliento desde sus casas…

A pesar de la derrota mi mente ha estado con ellos durante este día, regateando endodoncias muy bravas, metiendo goles a cuartos conductos, sacando tarjetas rojas a biofilms bacterianos y dando prórrogas de 7 días en casos disputados.

SÍ, yo ESTOY CON LA ROJA!!!!!

Ser un héroe para nuestros pacientes…

¿Cuántas veces nos hemos visto tachados por algunos de nuestros pacientes como aquel perverso señor que les va a hacer daño, los va a sentar en un sillón a sufrir y encima les va a cobrar un dineral?

“Es que el dentista y el ginecólogo no los puedo ni ver” dicen algunas…

Quizá la cosa sería muy distinta si los pacientes comprendieran el esfuerzo que hacemos para salvarles los dientes…

Aquí os dejo una pequeña parodia sobre como me gustaría que fuera en el futuro la imagen del dentista:

300 Bacterias

300BACTERIAS es una historia épica, narra las aventuras de un grupo de agentes infecciosos capaces de resistir a muchas terapéuticas endodónticas… Y es que a veces nuestra lucha es como la de este cómic…

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Abra la boca, hay que MATARLE EL NERVIO…

"Abra la boca, tengo que MATARLE EL NERVIO"

Hemos oído muchas veces esta frase, tanto pacientes como dentistas lo hemos usado para referirnos coloquialmente al tratamiento endodóntico. Aunque la expresión sea aun usada, dista mucho de la realidad de lo que es el proceso endodóntico, sin embargo, hacía justicia a su nombre en los inicios de esta especialidad…

El Dr. Spooner presentó en 1835 su técnica de necropulpectomía como panacea a los dolores insoportables que generaban las piezas dentarias. En los tiempos en que la anestesia no era posible como la conocemos ahora, era impracticable la endodoncia de una pieza dentaria. Proponía el uso de trióxido arsénico (veneno puro…) como ungüento sobre la dentina calmando todos los dolores pulpares. Este cáustico, básicamente, desorganiza y descompone la pulpa mediante citolisis y rotura de los vasos pulpares.

En su descripción de la técnica se realizaba una cavidad hasta donde el dolor lo permitía, sin necesidad de llegar a la cámara pulpar, dejando una mezcla de trióxido de arsénico, morfina, cocaína y creosota y se obturaba provisionalmente evitando filtraciones del medicamento a la boca. Pasados unos días, se levantaba la “cura” y ahora sí, podía accederse a la pulpa necrótica sin dolor alguno. Si los conductos radiculares eran tan estrechos que no permitieran introducir los instrumentos que entonces existían (sondas barbadas y tiranervios básicamente), entonces se usaban pastas momificantes a base de formaldehído, timol y óxido de cinc.

Numerosos y graves efectos adversos de la técnica, tales como necrosis ósea y de los tejidos circundantes, coloración de la corona o importante inflamación, no impidieron su extendido uso durante un tiempo hasta los avances en las técnicas anestésicas y la mejora de los instrumentos.

Sin duda, podía decirse literalmente que mataban el nervio, más bien lo asesinaban…

Fuente: Monsalve Morenilla, F. Matar el nervio. Revista Odontológica Granadina 2009;10:11-12.

La paciencia de JOB…

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Sabemos que la endodoncia de por sí puede ser muy pero que muy complicada, pero lo cierto es que hay días que uno preferiría no haber conocido a tal o cual paciente del que transcurridos unos meses desde realizada su endodoncia, aun seguimos acordándonos…. En realidad, la mayoría de las ocasiones no es culpa de ellos, vienen AL DENTISTA, ese gran enemigo que desde siempre, al igual que el hombre del saco, aparecía en sus pesadillas infantiles. A pesar de su involuntariedad hay veces que no puedo más que mirar al techo y encomendarme a JOB…

- El paciente acaba de sentarse, y tras 20 minutos de empezada la endodoncia, ya comienza a bufar y preguntar (¿Cuánto falta?).

- Dr. no puedo respirar huelo mucho a lejía!!

- Le recomendamos al paciente que vamos a usar un microscopio para hacer la endodoncia y que debe quedarse lo más quieto posible para no desenfocarnos el campo de visión (a los pocos minutos comienzan a girar la cabeza o incluso incorporarse un poco porque “padece” de cervicales).

- Has salvado su diente tras una hora de complicado tratamiento pero al terminar,  el paciente nos dice: “vaya suplicio, si lo sé no me hago la endodoncia, me la hubiera sacado y habría terminado antes…” (volvemos a mirar al techo…).

- En ocasiones basta con que toquemos un poco la lengua del paciente para que este amenace con vomitar súbitamente…

- Supongo que desear que los pacientes tengan “buzones” en lugar de bocas, es mucho pedir, pero ¿no lo pensáis cuando el paciente tiene las típicas mejillas enormes, apenas abre la boca, y nos espera una temible endodoncia en un segundo molar superior?

- A veces creo que el fenómeno de calcificación pulpar lo inventó un chamán con el objetivo de hacernos vudú o mal de ojo…

- Ay, ay! ay!. Pero, ¿le duele?. No, no me duele….

- Y quién no se ha mordido el labio después de haber puesto cuidadosamente el dique de goma, haber sellado alrededor de la grapa con un material aislante, reconstruimos la pared que falta con obturación provisional, y en un arrebato el paciente se incorpora como alma que lleva el diablo diciendo que no puede respirar y se quita el dique de un plumazo? O lo que es peor, no se lo quita y vomita (sí, me ha pasado).

En definitiva, tratamos pacientes, probablemente llamados así porque es un sufrimiento someterse a un procedimiento médico, es necesaria mucha paciencia para ello, para soportar las molestias que ello supone, sin embargo… a veces los pacientes somos nosotros…